
Ayer desperté y observe lo que mis ojos me dejaban ver, observe un mundo lleno de dolor, agonía y sufrimiento, un mundo en el que nadie pensaba en nadie, en el que se compraban las vidas de los seres vivos y la tierra estaba totalmente destruida.
Todo estaba carbonizado, todo apestaba a un olor podrido que al entrar por mis pulmones los devoraba y me quedaba sin respiración. Todos éramos manipulados al antojo de unos cuantos, tu, yo, él “todos” sin excepción, nadie intentaba resistirse, simplemente nos dejábamos llevar por lo que nos decían y eso era lo mejor para todos.
Todos acudíamos a fiestas nacionales y nos alegrábamos de ver a ese animal inservible morir, nos gustaba ver como poco a poco era asesinado por nuestra grandiosa y civilizada raza humana, “que bello era todo”.
Me entusiasmaba ver a mi gran patria y sentirme orgulloso de esa bandera que representa las asombrosas guerras que nuestros antepasados hispánicos ganaron a través del asesinato de pequeñitas e indefensas colonias.
Me sentía un gran español, era el niño mimado de mi papa, que tenía una gran empresa multinacional, la cual imponía las leyes al estado, el cual era manejado por nuestra mayor amistad “la mano invisible del capitalismo” la cual nos ayudaba a dejar en nuestro país a obreros parados para que pudiéramos llevárnosla a países pobres donde a través de la explotación de los niños desamparados podríamos hacernos millonarios.
Que grandeza! que riqueza!, que poder tenia en mis manos!
Ayer hubo elecciones y fui a votar, no se si fue al pp o psoe o no se quién, lo importante es que fui a ejercer mi derecho al voto por el cual lucharon mi abuelos para que pudiéramos ser libres y ya ven, “soy libre” puedo hacer lo que me venga en gana con todo el dinero que tengo.
En mi tiempo libre me enloquecía salir a patear negros, punkis, heavys, prostitutas, hippies, acratas y demás antisistemas muertos de hambre que piden la igualdad, cuando ellos no han tenido la suerte de ser unos hijos de papa.
Ayer me ponia hasta las cejas de cocaina en los retretes de clubs de alterne, donde iba a ponerle los cuernos a la insoportable de mi mujer.
Aunque luego todo lo arreglaba, daba buen ver a la gente de mi pueblo con mi fortuna y elegancia. Era apreciado por todos.
Hoy ya ven he despertado y sinceramente, esta vez no he llorado, no he podido evitar una pequeña carcajada al ver que
era el mismo de siempre...
